Principales conclusiones del diagnóstico comunitario

El diagnóstico identifica varias cuestiones específicas de nuestro territorio. Suponen un punto de partida contrastado sobre la realidad existente y que debe ser ponderada a la hora de desarrollar el PDC.

Así mismo, se propone, y así queda recogido en el PDC, mantener una vía diagnóstica abierta durante todo el proceso de implementación. Esto se materializará en la construcción de un Observatorio de la zona que permita avanzar en el cuadro de indicadores para ir midiendo y evidenciando la realidad existente y los cambios que se vayan produciendo.

Las principales conclusiones que se extraen del diagnóstico nos indican:

1. La Contaminación constituye una de las principales preocupaciones de la zona. Se evidencia el riesgo que significa para la salud en el territorio y supone un foco de inquietud altamente significativo.

2. Se identifica una preocupación, así como carencias vinculadas con el desarrollo Urbanístico de la zona, las barreras arquitectónicas, las vías de comunicación existentes y las condiciones de accesibilidad y habitabilidad de las viviendas.

3. Se pone el acento, con mayor énfasis a raíz de la declaración del estado de alarma, en lo necesario que es revertir la brecha digital existente. No sólo desde una perspectiva material, también competencial.

4. El elevado porcentaje de personas mayores de 65 años en el territorio, junto al individualismo manifestado en diversos contrastes cualitativos realizados, ponen de manifiesto la soledad que muchas personas en el territorio están experimentando. Esta situación incide directamente en la falta de estímulos y vínculos que favorezcan un nivel de protección comunitaria deseado y básico.

5. Existe una polarización socioeconómica en la zona oeste. Un incremento de la desigualdad que genera dos realidades. La de aquellas personas que tienen un  nivel adquisitivo y de desarrollo cómodo, frente a las cada vez más personas que viven grandes dificultades a la hora de acceder a una renta. Situaciones, éstas últimas, que provocan privaciones materiales, contextos de pobreza…

6. El desempleo sigue siendo una de las mayores preocupaciones del territorio. La falta de alternativas que signifiquen oportunidades de acceso a puestos de trabajo es recurrente. A esto, se suma la fragilidad que experimentan los negocios y comercios del territorio. Fragilidad evidente en un contexto de interconectividad global que compite y arrincona las posibilidades de desarrollo de proximidad que podrían experimentar.

7. El impacto de la crisis sanitaria, social y económica que ha supuesto, y está suponiendo, la pandemia mundial declarada por la expansión del COVID19, es un agravante de las fragilidades ya identificadas en el territorio. Se ha destacado cómo el tipo de empleos que desempeñan gran parte de la población de esta zona (atención y cuidados, alimentación, oficios, logística…) que tienen que realizarse de forma presencial, también ha influido en los datos del impacto del COVID en la población de este territorio. Por tanto, se identifica este momento histórico como un necesario punto de inflexión para repensar y reformular nuestras prioridades y modelos de desarrollo y relación como sociedad. Incidiendo ésto en la resituación de las políticas públicas y de los recursos disponibles. Un viraje que debe situar la dimensión humana en el centro, vertebrando propuestas y sistemas que tengan capacidad de adaptación a la diversidad de realidades existentes y experimentadas por las personas; no sólo desde una dimensión individual, si no también colectiva.

8. Frente a todo ese análisis extrapolado del diagnóstico, se pone de relieve la existencia de una alta proactividad en la zona que se materializa en la existencia de una gran diversidad de grupos activos con un interés compartido por trabajar y mejorar la zona. Grupos conformados por entidades, personas, profesionales… desde lógicas más formales, no formales e informales. Existe un ecosistema muy fértil, dinámico, sensible y permeable.